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Alternaria: la alergia al hongo del verano

Cuando pensamos en alergia respiratoria, solemos asociarla a los pólenes de la primavera. Sin embargo, durante el verano existe otro alérgeno importante, especialmente para las personas con asma: las esporas del hongo Alternaria.

¿Qué es la Alternaria?

Alternaria es un hongo microscópico muy extendido en la naturaleza. Crece sobre plantas, cereales, frutas y restos vegetales en descomposición. La especie que provoca alergia con mayor frecuencia es Alternaria alternata.

Para reproducirse libera esporas microscópicas que se dispersan por el aire y pueden ser inhaladas. Aunque están presentes durante buena parte del año, sus concentraciones suelen aumentar desde finales de primavera hasta comienzos del otoño, especialmente en días cálidos, secos y ventosos.

En regiones agrícolas como Castilla y León, sus niveles pueden ser elevados durante el verano, coincidiendo con la maduración y recolección de los cereales.

¿Qué síntomas produce?

La alergia a Alternaria puede causar:

  • Estornudos, congestión y mucosidad nasal.
  • Picor y lagrimeo ocular.
  • Tos persistente.
  • Silbidos, opresión torácica o dificultad respiratoria.
  • Empeoramiento de un asma previamente diagnosticada.

La sensibilización a este hongo se ha relacionado con una mayor frecuencia de asma y, en algunos pacientes, con exacerbaciones más intensas. Esta asociación es especialmente relevante en niños y adolescentes.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en la relación entre los síntomas, la época del año y los resultados de las pruebas de alergia. Puede incluir pruebas cutáneas, determinación de IgE específica en la sangre y, cuando existen síntomas bronquiales, un estudio de la función respiratoria.

En algunos casos se analiza la IgE frente a Alt a 1, el principal alérgeno de Alternaria alternata, para confirmar una sensibilización genuina.

¿Podemos reducir la exposición?

Las esporas forman parte del aire exterior y no pueden evitarse por completo. No obstante, durante los periodos de mayor concentración conviene:

  • Limitar la exposición prolongada en días muy cálidos, secos y ventosos.
  • Tener precaución en zonas agrícolas, césped recién cortado, compost o acumulaciones de hojas.
  • Mantener cerradas las ventanillas del coche y revisar sus filtros.
  • Ducharse y cambiarse de ropa después de pasar mucho tiempo al aire libre.
  • Controlar la humedad y reparar filtraciones dentro de la vivienda.

Tratamiento

Según los síntomas, pueden emplearse antihistamínicos, corticoides nasales, colirios o medicación inhalada para el asma. En pacientes seleccionados con una relación clara entre la exposición y los síntomas, el alergólogo puede valorar la inmunoterapia específica (las conocidas como vacunas de la alergia).

Conviene consultar cuando los síntomas se repiten cada verano, alteran el sueño o aparecen tos, pitos u opresión torácica. Una dificultad respiratoria intensa o que no responda a la medicación de rescate requiere atención médica urgente.

La alergia del verano no siempre se debe al polen: en ocasiones, el responsable es un hongo cuyas esporas invisibles circulan por el aire.

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