El misterio de la alergia al polen de las arizónicas

Hace 25 años, cuando llegué a Salamanca, no era habitual que las personas alérgicas al polen lo fueran al de las arizónicas, esos árboles ornamentales que recortados en forma de setos rodean nuestras casas y jardines.

Pero en los últimos años podríamos decir que más del 80% de los alérgicos a cualquier polen lo son al de estos elegantes árboles. El asunto podría no tener ninguna relevancia si esta planta floreciera cuando lo hacen otros pólenes muy alergénicos como las gramíneas y el olivo, en cuyo caso su efecto se vería ensombrecido por aquellos.

Pero no, las arizónicas florecen en un período atípico, en invierno, un tiempo en que nadie espera ser alérgico a ningún polen. Y es más, los síntomas que desencadena adquieren con frecuencia la forma de procesos catarrales, por lo que son difíciles de distinguir del típico catarro infeccioso común.

Por ende, la alergia a este polen no suele ser aislada, sino que se asocia a la de esos otros pólenes más típicos de la primavera como las gramíneas y los olivos, lo que hace que las personas alérgicas a las arizónicas lo sean también a esos otros, con lo que su sus síntomas primaverales son además invernales, es decir, que sufran casi 6 meses de padecimiento.

¿Cuál puede ser la causa de este misterioso aumento de la alergia al polen de las arizónicas? Fijaros en primer lugar en las gráficas de las concentraciones de polen de arizónica en la ciudad de Salamanca en 2012 y en 2017 (Datos tomados de los recolectores de la Junta de Castilla y León):

Está claro que se ha producido un incremento notable en la cantidad de polen que los salmantinos respiran. Esta tendencia es manifiesta a lo largo de los últimos 25 años. Cada vez se plantan más arizónicas y esto está repercutiendo en nuestra salud.

A esto hay que añadir que el polen que producen todas las plantas es cada vez más alergénico debido al aumento de la contaminación ambiental, porque los gases contaminantes (productos oxidares e irritantes) estresan a las plantas y esto hace que secreten más proteínas de respuesta al estrés que son las más alergénicas.

A este aumento de un polen cada vez más alergénico hay que sumar la predisposición creciente de la población a padecer todo tipo de enfermedades alérgicas, asunto que no tenemos tiempo de tratar aquí.

En resumen, que el misterio no es tal, ya que tenemos razones suficientes que explican este aumento de la alergia al polen de las arizónicas en Salamanca. Ahora nos queda tratar de poner remedio a esta epidemia.

¿Deberíamos dejar de plantar arizónicas? ¿Deberíamos reducir la contaminación ambiental? ¿Deberíamos llevar una vida más natural que nos haga menos proclives a padecer alergia? ¿Deberíamos…..? Dejo en sus manos la respuesta.

Autor: Dr. Juan Manuel Igea, alergólogo en Clínica Alergoasma.